Entonces, colgué el teléfono y sonreí. Sabía que ese torpe intento era una zancada entre nosotros y, por un instante, la ternura me embargó, tomó vida en forma de lágrimas cálidas y fluyó. Había comprendido dos cosas al mismo tiempo: la primera, que era heredera de tu inexperiencia; la segunda, que, una vez más, te alzabas como mi héroe, el de los ojos brillantes. Lloré y reí sola durante un rato, y después tomé una decisión: convertirme en la mujer fuerte por la que titubeas, te esfuerzas y tropiezas.
Te quiero.




3 comentarios:
Es re lindo me gusta ^^
Gracias, cariño ^^
Precioso.
Soy tu ex-compañera de calidade, Ana.
Un saludo
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